Con tanto alcohol en sangre se me escapa la risa tonta, me revolotean las pestañas haciéndole aspavientos a tu dulce boquita de nata y las manos se me van solas hacía la ruta de la perdición.
Estoy bailando descalza sobre el sofá, tu sonríes desde abajo y yo intento cantar esa canción en inglés con esta voz afónica perdida que ya lleva un montón de días gimiendote hasta la madrugada.
Agarras mi mano con dulzura y tiras de mí con la suavidad de una brisa de verano casi terminado; estoy tan ebria que ni noto el descenso, pero me río pegada a tu cuello con el pelo revuelto y las ideas revolucionadas.
Me miras a los ojos y no puedo evitarlo, me quedo pillada. No juegues a eso, no juegues a mirarme a los ojos porque hoy todo me parece mágico, hasta el ruido de la música.
No sé por qué pero noto que así estamos perfectos...ves el mundo? Puede ser nuestro, podemos ser dueños de todo lo que ves y de lo que no puedes ver. Eres libre, somos libres; quieres volar? Vuela. No hay nada ni nadie que vaya a detenerte.
Muerdes mi rodilla con dulzura, sabes cómo hacerme ir a por todas, sabes como extresarme, cómo perderme...sabes que sólo es divertido si tu te pierdes conmigo.
Te hablo fuerte, con voz ronca, sólo un comentario estúpido. Vuelves a mirarme a los ojos, otra vez me quedo pillada, puedo centrar toda mi atención en tus ojos, en la manera en que me miras.
Te acercas casi pidiendo a gritos un beso, dejo que se juntes nuestras narices, respiro, me besas.
Agarro tu cara con una mano y tu cuello con la otra, noto como me encojo de hombros...y sigo riendo.
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