Era una noche fría, una noche fría de diciembre. El cielo era de un azul marino perfecto y las estrellas brillaban con la seguridad de años y años de experiencia. Unos tacones apretaron el paso por aquella calle perdida, dos cristales se empañaron por el vaho de una respiración entrecortada, y al mismo tiempo en un tercer piso un gato maulló.
Ella agarraba su bufanda fuertemente con su mano izquierda e intenataba colocar su pelo mientras se ponía aquel gorro de lana. Un mechón de su pelo tostado se pegó al gloss de sus labios mientras que sus pestañas intentaban hacer nacer una brisa imaginaria.
Abrió el portal del parque y vió su silueta apollada en el muro del fondo, sonrió y caminó hacia él. Unos cuantos pasos bastaron para tenerle enfrente y una mirada directa cortó la circulación de su cerebro. Él la sonrió mientras separaba el mechón de sus labios y la besaba con pasión. Ella pensó que ojalá hubiera sido un beso lento y melancólico, pero cuando abrió los ojos y volvió a mirarlo los ojos se le olvidó todo lo que estaba pensando.
Sacó por inercia un pitillo de la cajetilla que tenía guardada en su bolsillo derecho y lo encendió mientras se apollaba al lado de él en el muro.
-Odio que fumes.
-Todos tenemos vicios asquerosos- dijo con descaro ella mientras le guiñaba un ojo. Él no pudo evitar reír, sabía a que se refería y le encantaba que ella conociese sus partes más oscuras y no le importaran.
-Cuanto hace que no nos vemos? Tres meses?- susurró él intentando entablar conversación.
-Doce polvos, ni más ni menos.- sonrió ella.
-Todavía cuentas el tiempo en polvos?- rió él
-Todavía cuentas el tiempo que hace que no me echas un polvo?- le sonrió cada vez más descarada, sabía que eso le gustaba, a él le encantaba jugar, siempre.
-Te he echado de menos en mi cama, eso es todo.
-Supongo que yo también. Aunque, sabes? No puedo evitar pensar lo mucho que me habría gustado oír esta última frase sin "en mi cama".-Ella miró al suelo, decir eso había abierto una herida que creía curada.-Creo que me gustaría rozar tu piel con la yema de mi dedo y hacer que notaras cosquillas más allá de la superficie, me gustaría saber que además de asustar a otro, puedes asustarte. A veces me siento demasiado humana a tu lado.

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