Maria Sanchis Perez.

domingo, 25 de septiembre de 2011

Llena mi mirada con las vetas azuladas de sus ojos, como si fuera agua, como si pudieramos nadar en ellas. Navegar poco a poco, casi lento, pero nunca quietos, en los despertadores de los lunes por la mañana; y saludar a junio, a julio, a agosto y si dios quiere también a septiembre, cuando entran por la ventana. Otro día más, sólo uno de muchos.
Costumbres las justas, quedémonos sólo con lo bueno, con las ganas, con los sueños, con la sonrísa boba que se me pone cuando me mira a los ojos. Llevo esperándole años y ahora, cuando abro los ojos y lo veo a mi lado, medio dormido, todavía entre sueños, le digo que lo quiero bajito para que el mundo no me oiga.
Pero lo que más me gusta es reirme con él cuando nos pasamos con el alcohol, cuando puedo ponerme boba, cuando se le aceleran tanto las partículas que con un sólo beso en el cuello soy capaz de meterme en problemas.
Y que me encanta...

Lo quiero porque la primera vez que me miró a los ojos se me paró hasta el reloj.

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